Galería Lobster Under The Rain

Salvador de Bahía, Brasil 2009

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® Alessio Cesari

Realmente me quitó el aliento. Una experiencia única en mi vida. Vi lugares conmovedores que han abierto mis ojos y mi corazón, lo que ha permitido tomar fotos que pueden transmitir miles de emociones. Creo que debo agradecerle a Ernesto y al destino que me trajo aquí…
Alessio Cesari

 



®Frank Baudino

Participar en uno de los talleres de Ernesto es recordar una vez más que existen modos de ver, y de vivir, totalmente distintos. En los pueblos de pescadores cerca de Salvador y en la isla de Itaparica la vida es bastante diferente de lo que estamos acostumbrados.
La vida para estas personas representa un reconocimiento de su cercanía y dependencia hacia la naturaleza. Mi ojo mental siempre recordará las imágenes de jovencitos caminando por la mañana con sus cajas de pájaros por las calles para respirar aire fresco, caballos siendo ensillados y cabalgados al atardecer, un hombre reparando un bote usando sólo herramientas de mano, un anciano reparando una red de pescar en una habitación oscura con periquitos posados sobre el marco de la ventana, niños volando cometas y practicando capoeira.
Un grupo de estudiantes, “Langostas bajo la lluvia” trató de capturar esos momentos de vida, con la ayuda de Ernesto y sus habilidades de edición y aportes de sus estudiantes, teniendo éxito al lograr imágenes que sobrepasaron lo meramente descriptivo. Estoy contento con las imágenes que me llevo a casa; sin embargo, mi aprendizaje de ver está recién comenzando. Estoy aprendiendo lentamente. “Deja que la vida suceda ante ti. La vida tiene siempre razón”, Rilke.
Frank Baudino

 

 



® Gianluigi Nocco

Quise participar en un taller de Ernesto porque siento que es la mejor manera de mejorar mi fotografía. Ahora, luego de haber llevado uno, no estoy seguro de haber mejorado. Siento que algo distinto ha sucedido: más que una mejora (no importa cuánto se pueda medir) en mis habilidades iniciales, quisiera hablar de transformación; sí, creo que ese término transmite mejor todo el estímulo que he recibido y sobre mi forma de pensar respecto a la fotografía. Ernesto nos exigió una actitud y un análisis profundo en nuestras fotografías y mucho más de lo que queríamos decir a través de nuestras elecciones. Por qué contentarnos con la mera descripción de una situación en una imagen cuando podríamos ser más evocativos? Debemos ir más allá del sujeto para captar tanto las emociones del momento y de las personas que lo hacen posible. En nuestra infancia aprendemos a escribir y a expresarnos de forma completa, pero esto no es poesía; para poder hacer poesía necesitas sensibilidad, atención, profundidad de modo que el mensaje vaya directo al corazón, exactamente a lugar donde todo empezó. Del mismo modo con la fotografía, tienes la posibilidad de conmover a otros y de conmoverte a ti mismo; de sentir el alma de la persona en frente de la cámara a través de tu sensibilidad y tu deseo de sobrepasar lo que hay entre los dos. Para mí todo eso es poesía, y poesía es la forma de las emociones, en otras palabras, la esencia de nuestra propia vida. Esto es lo que he aprendido de Ernesto. Ahora, no soy mejor que antes, pero puedo decir con certeza: algo ha cambiado.
Gianluigi Nocco

 



® Linda Kay Myers

En agosto de 2009, en Brasil, llevé mi quinto taller con Ernesto. Aunque siempre he usado la misma cámara y el mismo lente, esta vez sentí que veía el mundo de modo diferente a como lo veía antes.
Encontré un Brasil soleado y colorido, lleno de vida. Por diez días traté de fotografiar a las personas y capturar al menos un poco de sus exuberantes y poéticos momentos de tranquilidad. Brasil estuvo bellísimo y espero volver algún día.
Linda Kay Mayer

 



® Maurizio Paganelli

Cuando encontré a Ernesto y empecé a escuchar sus primeros comentarios sobre mis fotografías y las de los demás estudiantes en el grupo, en seguida entendí que el camino emprendido iba a ser muy difícil. Aunque algunas de las imágenes estaban bien compuestas y eran elocuentes con lo que yo quería expresar, invariablemente eran eliminadas. Aún recuerdo bien a Ernesto frente a la computadora durante las difíciles sesiones de edición, que con un movimiento de desaprobación con su cabeza diría frases como: “Es demasiado descriptivo, el sujeto está demasiado consciente, en esta imagen hay demasiada confusión, el sujeto es demasiado banal porque no hay más en la foto de lo que se ve; el animal retratado ( hasta animales no domesticados) no está colaborando; este grupo de personas está perfecto pero el rostro no es lo suficientemente expresivo”. Traté de entender bien el concepto de estar consciente cuál fue la causa del despiadado descarte de muchas fotografías. No entendía como un elemento en sí virtuoso para el fotógrafo, plenamente consciente del acto de sacar fotos, se podría convertir en algo poco interesante cuando se refería al sujeto (y hasta al animal) retratado.
Pero de repente me vino a la mente una frase de H.C. Bresson que más o menos decía que una buena fotografía depende de la unión entre el corazón, el alma y la mente. En todas mis fotografías ponía toda mi mente y los resultados no dejaban de enseñarlo. Pero ignoraba el corazón y sobre todo el alma, es decir, el ojo interno al cual se refiere constantemente Ernesto. Con dificultad empecé a entender que ser simple testigo de la realidad no bastaba: se necesita ser capaz de transmitir también lo que siente el fotógrafo, que debe de estar en sintonía con el sujeto y “vibrar” junto a él, en lugar de limitarse a ser un testimonio aséptico. Y buscar esta sintonía es un ejercicio que se necesita aprender a utilizar, de otra manera tienes que rendirte como ya dije al comienzo, porque en la mayoría de los casos la foto no va más allá de la mera descripción del evento.
De esta manera, y con la complicidad de la edición súper importante hasta de las fotografías de Ernesto, aprendí que los sujetos/objetos en el fondo tienen muy a menudo una importancia vital para los elementos en primer plano, algunas gotas de agua en el piso pueden ser más importantes que los elementos más visibles, la huella esbozada por una canoa en el agua más expresiva que cualquier movimiento borrado, un monito sacado en su acto instintivo más explicativo que un atractivo primer plano, el rostro oscurecido de un hombre más emblemático que un perfecto retrato de estudio.
Una vez leí una frase muy bonita sobre la fotografía que podría decirse de esta manera: “no es un reflejo de la realidad sino la realidad de un reflejo” ( Jean Luc Godard). Es realmente verdadero, porque cada foto es la realidad de cómo percibimos cada reflejo del mundo que nos rodea y habla de nosotros mucho más de lo que nos imaginamos. Ernesto nos ayudó a crecer, a entender y a desarrollar un sentido crítico totalmente nuevo y consciente (esta vez en el sentido positivo) y me siento profundamente agradecido.
Maurizio Paganelli

 

 



® Roberto Hurtado

El taller de Ernesto fue una fantástica experiencia fotográfica donde pudimos adentrar a mundos que muy poco probablemente en mi realidad de fotografía de estudio publicitario entraría en contacto; lugares donde había la posibilidad de hacer buenas fotos de realidad humana. Pero creo que lo mejor del taller es proporcionado por el ser humano que es Ernesto, por su forma de ser y las personas que se aproximan de el y vienen a ser sus alumnos y amigos. Son personas que comparten su forma de ver el mundo. Hablo de seres de muy buen corazón y parte del taller se trata de desarrollar la mirada del corazón en la fotografía. Como dice Ernesto: “cuando hago una foto, es por que mi corazón sonríe “. Y es gracioso verlo cuando ve una linda foto de sus pupilos, pues sabes que le gusta, pues el simplemente sonríe muy honestamente.
Gracias por esta fantástica experiencia y aprendizaje. Sigo trabajando para desarrollar la mirada interior.
Roberto Hurtado

 



® Willard Plate

Éste fue mi cuarto taller con Ernesto en Brasil. Hubo muchas cosas que me fueron familiares como las visitas a la gente de la fábrica de chocolate y a los pescadores del pueblo cerca a Salvador, grandiosas cenas de comida italiana en La Lupa, en Salvador y el clima caluroso y húmedo por todas partes.
Pero como siempre será el caso en los talleres de Ernesto, también hubo cosas totalmente distintas. Tres días y noches en la isla de Itaparica, el descubrimiento casual de una celebración religiosa de domingo en el pueblo de pescadores, la cena de langostas bajo la lluvia, y sándwiches de queso como cena por mal cálculo de horas de cierre del restaurante. Como siempre, fue una combinación maravillosa de trabajo fotográfico intenso, exploración cultural y mucha diversión.
Willard Pate

 


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