Galería Lindos Paisajes, Valio La Pena

Cuzco, Perú 2014

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® Sandra Pereznieto

 

Tomar fotos en el Valle Sagrado, es como tener la llave de la libertad, dejar que la mirada se pierda entre nubes y valles hasta el infinito.
Las curiosas miradas de las alpacas, de las llamas, los rostros quemados por el sol de altura y el aire que congela la piel, el aire que falta al caminar por los lomos de las montañas. Momentos de magia empapados de lluvia tenue y oleadas de nubes de algodón que pasan apresuradas por el cielo amplio.  Olores de tierra húmeda y aromas de papas de antaño. El silencio y la sencillez de la vida en esos parajes del cielo, es casi absoluto. Puedes recorrer kilómetros sin ver a casi nadie, y ese silencio te permite pausar un poco la mirada y el alma, y estar en paz cuando llega el momento de salir de un salto para intentar reflejar algo de esa increíble belleza en un encuadre.
El sueño de las montañas, también puede convertirse en un espejismo. Al bajar de la montaña busco incansable esas imágenes que he grabado en mi memoria, pero que la cámara parece haber olvidado, que no son aquellas que recuerdo sino otras y comienza entonces un nuevo andar, uno muy parecido al de la vida, en el que me creo el personaje que soy, pero al buscarlo sólo me encuentro a mi misma. Y en ese andar aprendo a mirar de nuevo y a buscar entre las imágenes algo de lo que acabo de dejar detrás.
Este regresar a los cursos de Ernesto es tal vez lo que hace que siempre sienta la necesidad de profundizar más, y que la certeza de estar llegando, se convierta con facilidad en una quimera. ¿Llegar a dónde? Si lo que al final me gusta es caminar, sin importar demasiado hacia dónde, pero no dejar de caminar. Y con un maestro que sabe guiarme, el camino es más dulce, los pasos son más sólidos, el destino no tiene porque tener nombre de ciudad, puede ser aquello que quiera que sea en cada momento. Y entre más de sus cursos tomo, más cerca estoy del principio, más siento que el recorrido acaba de comenzar. 

Sandra Pereznieto

 



 

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® Chad Anderson

 

Vasto. Inmutable. Siempre renovándose. Pero avanzando más en las montañas encuentro un Perú diferente. Diferente cada vez que regreso a este extraordinario país. Perú se pierde en el tiempo. Perú está lidiando con la modernidad. Desde la ventana del coche se deshilvana ante nosotros el Valle Sagrado, un río bordeado por exuberantes campos verdes, una moto taxi cargado de tallos de maíz y pasajeros, un coche nuevo decorado con papel de regalo y globos recientemente bendecidos en la iglesia de San Sebastián. El río Urubamba se pierde detrás de nosotros mientras nuestro conductor navega por las calles de la montaña, un agujero a la derecha, un precipicio a la izquierda. Las casas de adobe con techos de paja y cercas de llamas y alpacas salpican el paisaje sin árboles. Subimos a un paso a 4.000 metros mientras seguimos a un pastor, su esposa, y su rebaño. El paisaje está desprovisto de árboles, pero está lleno de vida plena. La vida aquí es dura pero increíblemente hermosa. Ofrecemos oraciones cuando estamos llegando a nuevas alturas geográficas y espirituales. Me siento una vez más bendecido por poder fotografiar de nuevo esta tierra, esta gente. Cuatro veces con Ernesto y volvería mañana mismo si la vida me lo permitiera. Sandra y Ernesto, gracias.

Chad Anderson

 


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