Fieles Difuntos

Oaxaca, México 2008

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® Kieth Prue

Ha terminado otro taller más aquí en Oaxaca, que tuvo lugar durante las fiestas de los Muertos. El séptimo taller consecutivo, un milagro si mismo tomando en cuenta que por siete años seguidos, con lluvia o con sol, he venido a esta extraordinaria ciudad colonial para compartir con mis estudiantes estas celebraciones únicas. Pero lo que siento que es aún más milagrosoes el haber sido testigo de las lindas fotografías tomadas por mis estudiantes en estos diez días de duro trabajo. Keith y Judith que ya habían tomado diferentes talleres conmigo, uno de ellos aquí también en Oaxaca en el 2006, son dos veteranos, y por lo mismo, yo tenia la suficiente confianza en sus capacidades fotográficas como para saber que que sacarían fotos interesantes. Alessandro e Fernando fueron dos estudiantes nuevos con escasa experiencia pero con grandes deseos de aprender. Los primeros días fueron los más difíciles. Los dos neófitos avanzaban con dificultad; sus fotografías no lograban ir más allá de lo descriptivo y literal. Continué explicando las razones por las cuales sus fotos eran tan aburridas y ordinarias. Podía percibir el desaliento en sus ojos, pero al mismo tiempo sabía que debía animarlos para ayudarlos a ir más allá y obtener más calidad en sus imágenes. Seguí repitiendo que necesitaban buscar “momentos” en el fluir de la realidad, de sacar menos fotos, tener más conciencia para lograr conjugar, al mismo tiempo, contenido y forma en sus imágenes, y levantar la cámara hasta el nivel de los ojos, solo cuando se sintieran motivados por el corazón.
Le pedí poner cinta adhesiva en sus lentes zoom para que solo utilicen el 35 mm.
Con el trascurrir de los días Keith y Judy, con sus fotos lindas y personales, nos demostraron que sí era posible crear imágenes interesantes. Poco a poco algunas fotografías empezaron lentamente a salir a flote en el trabajo de Alessandro y Fernando. Las sesiones de edición se convirtieron en algo más vibrante y estimulante. Empecé a entrever largas sonrisas en sus rostros y sentí que tenían más confianza en su capacidad de VER. Fue una verdadera alegría ver como el trabajo de Keith estaba creciendo cada día. Estaba inspirado y estaba viviendo su mayor crecimiento desde que lo conozco.
Sus imágenes un poco desencantadas, sarcásticas y penetrantes fueron el merecido reconocimiento por su disciplina, sensibilidad y sobre todo a su empeño.
Judy con su nueva cámara digital sacó fotografías en color a 6400 asa que no tenían nada que envidiarle a los colores de las diapositivas Kodachrome 64. Hasta las fotos malas parecían increíbles con una gamma cromática tan extraordinaria y la falta absoluta de ruido en los píxeles. Aparte de estas maravillas tecnológicas, sus fotos retrataban momentos íntimos y sutiles llenos de gracia. La aparente lejanía física de sus imágenes conducen lentamente hacia el interior de un mundo que solamente ella hubiera podido atrapar. Al final, Alessandro y Fernando también lograron captar en algunas tomas la esencia de la vida. Su felicidad por haber logrado superar las dificultades iniciales fue verdaderamente conmovedora. Durante el taller surgieron diferentes temas de conversación, sobre todo durante nuestra cenas y nuestro tiempo libre. Sentía particularmente cerca de mí la espiritualidad y la presencia de Dios en nuestra vida. Ninguno de mis estudiantes creía en la presencia divina. Sencillamente expliqué las razones que me hacían creer en esta presencia partiendo por aquel cuento del sueño que tuve hace treintas uno años, antes de graduarme de la prepa, cuando escuché la voz de Dios decirme que tenía que ser fotógrafo. Durante la última e inolvidable sesión de edición, cuando todas las imágenes yacían sobre cuatros mesas puestas juntas, y se hacia cada vez más difícil eliminar algunas fotos, sentí la necesidad de subrayar que todas las fotografías estaban impregnadas por la presencia de Dios, era la prueba que EL había estado con nosotros en todo momento. Mi enseñanza y el crecimiento individual de cada quién no hubieran podido ser suficientes para explicar todos los momentos especiales que cada uno de ellos logrócaptar viendo y no solo mirando o apretando el gatillo en el momento oportuno.
Siento fuertemente que la fe de mis estudiantes en su maestro ha sido repagada con creces,y no fue solo a mí.
Nos despedimos con una maravillosa sensación que nutre nuestras almas y nuestras vidas. Ahora que por fin logré ver mis hojas de contacto puedo simplemente agregar que Dios fue muy generoso conmigo también. EB

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