Galería Tira La Foto Tia

Salvador de Bahía, Brasil 2007

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® Marcello Carino

 

 

 

 



® Marcy Cohen

La Salvador de Ernesto es el sueño de cada fotógrafo. Las oportunidades para crear imagines extraordinarias nos venían presentadas por Ernesto y la fuerza vital del Brasil. Había también numerosas dificultades por superar y elementos de distracción por eliminar de nuestras fotografías que nos forzaban a estar siempre concentrados mientras el maestro estaba siempre ocupado a darnos aliento y en hacernos entender como mejorar nuestra visión. Desde la visita a la comunidad que vive en una fabrica de chocolate abandonada cerca del mar hasta el remoto pueblo de pescadores de Acupe o en el centro de entrenamiento del grupo de capoeira Oxosso hasta el tiempo pasado en el gimnasio de boxeo con vista hacia el puerto de Salvador logramos ver el verdadero rostro de la ciudad, una cara que mucho brasileros nunca verán. Aprendí muchas lecciones durante estos diez días – las más importantes fueron: cuan necesario sea la paciencia, y que necesitamos observar con atención el ovillarse y revelarse de diferentes situaciones delante de nuestros ojos. Este era mi segundo taller con Ernesto y no veo la hora de seguir muchos más. Marcy Cohen

 



® Nancy Falconer

Calor y humedad, Brasil se desliza de manera seductora bajo tu piel. Salvador es vasta, extendiéndose irregularmente, rica de colores, música y playas. Y en todo esto la mar turquesa susurra África. Hay tantos lugares, muchas oportunidades para sentirte cambiado de manera inextricable . Mi agradecimiento come siempre a EB por su confianza en el universo y su solidaria paciencia en mi aprendizaje. También le doy la gracias a Willard y Marcy por su conforto y compañía e a Marcello por su ayuda en enseñarme – sin ser acompañada por el naturalmente – el refinado orinal con el hielo y los limones. Aprendí una cosa ( e aprendí muchas otras): de regresar mucho antes de lo previsto. Nancy Falconer

 

 



® Willard Pate

Después de 11 talleres con Ernesto se que esperar: lo inesperado. Dondequiera yo vaya con Ernesto – Cuba, Sicilia, México y Brasil – me quedo siempre sorprendida por los lugares en los cuales logra llevar sus estudiantes. Esta vez en Salvador había, entre diferentes lugares, la fabrica de chocolate, un cobertizo industrial abandonado transformado en hogar por más de 35 familias que dormían, comían, y jugaban todos juntos (y algunas veces luchaban entre si) mientras se la arreglaban con las pocas cosas materiales que poseían – algunos muebles rotos, ollas y sartenes golpeados, y cerveza barata el sábado por la tarde. Mientras deambulaba con mi cámara, enfoqué tanto la dignidad como la desesperación humana entre la pobreza más abyecta que haya encontrado. Espero que las fotografías expresen, por lo meno en parte, lo que vi y sentí. Willard Pate

 

 


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