Galería Ja Estamos Chegando Chapada

Chiapada Diamantina, Brasil 2013

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® Sandra Pereznieto

 

He pasado años buscando la forma de volver a mi fotografía más personal. En esa búsqueda, leer los comentarios de los estudiantes de Ernesto me marcò un claro camino. Durante meses esperé que llegará el momento de asistir al taller, pero ahora sé que era imposible estar preparada para lo que en él encontré. Viajé a Bahía con una mezcla de expectación y extrañeza, era la única en asistir al taller y eso me producía sentimientos contradictorios, pero sabia que la vida había decidido que fuera así para mí y acepté el reto como tantos otros en mi vida.
Muy pronto todas mis dudas se desvanecieron. Ernesto resultó ser un maestro intuitivo y profundo, capaz de una generosidad y una sensibilidad que te envuelve y que me ayudó a sacar imágenes que llevaba años intentando atrapar sin éxito.  Su trato dulce y sencillo me conmovió e inspiró constantemente. Sus fotos me dejaron sin aliento. Las sesiones diarias de edición pulieron mi mirada y me permitieron reconocer la poesía guardada en casi todas las situaciones de la vida. Aprendí, al fin, a empezar a mirar desde el alma.
Los caminos sin final de la Chapada Diamantina y nuestras pláticas eternas abrieron la puerta a nuestras emociones más frágiles. Nos esperaba un mundo de gente sencilla y amable con creencias muy arraigadas que poco a poco nos sumergía en una magia difícil de creer. Mientras tanto el Vale do Patí aguardaba silencioso, sin saberlo comenzaba para nosotros un viaje espiritual indescriptible que se guardará en nuestro recuerdos para siempre. La belleza de la naturaleza y la profundidad de nuestro andar fue haciendo camino; superar el cansancio y el reto nos brindó una paz muy dulce, premiada en la casa del Señor Joia con una cena auténtica y sencilla preparada con amor por su mujer Leo. Fotografiar una vida tan increíblemente sencilla fue especialmente difícil, y siento que de esos momentos salieron algunas de mis fotos más íntimas. El camino continuaba y en el silencio de nuestros pasos encontramos enseñanzas profundas que nos fortalecieron espiritualmente, y esa mirada nos permitió reconocer la felicidad en la cima del camino del imperio, en el que la lluvia y la neblina premió nuestro esfuerzo.
Pero el aprendizaje no terminaba ahí, y al volver a Igatú mi ego y mi arrogancia me preparaba una trampa. Había olvidado la valiosa lección de Ernesto de mirar con sencillez, desde la humildad y buscar solo aquellas imágenes que tocan nuestras emociones. Afuera seguía lloviendo y la melancolía me inundaba sin pausas. Una vez más Ernesto con su increíble bondad logró sacarme de mi tristeza y animarme a seguir adelante. Era casi como volver a empezar, no sólo el taller sino mi vida como fotógrafa. Me fue increíblemente difícil volver a fotografiar, pero sabía que las enseñanzas más importantes de la vida, como bien dice el Dalai Lama, vienen de momentos como ese. La fortaleza adquirida en el Vale do Patí fue mi bastón y poco a poco comencé a mirar de nuevo a la vida desde el rincón de mis emociones asustadas. La guía constante de Ernesto y las sesiones de edición de sus fotos sorprendentemente bellas, íntimas y poéticas me devolvieron las sonrisa y el camino pronto se hizo ligero.
En este instante estoy de camino a casa. Mirando lo que dejo atrás me siento conmovida hasta los huesos, me asombra todo lo que he aprendido, no sólo como fotógrafa sino como persona en estos días bahianos. Creo honestamente que Ernesto no puede imaginar el inmenso regalo que le da a sus estudiantes. Entiendo ahora que este es sólo el primer paso de un sendero largo, y que depende de mi mantenerme fiel a mi ojo interior cuando mire la vida a través de la cámara. El camino para mi es más claro que nunca y tengo certeza de que nuestros caminos volverán a cruzarse y que la bondad y sincera generosidad de Ernesto, su andar pausado y sus amplias sonrisas serán un bálsamo en ese camino.  

Sandra Pereznieto

 



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